5/5/2012

"Siete novias para siete hermanos" y "el rapto de las sabinas"





Stanley Donen rueda en 1954 la película musical "Siete novias para siete hermanos" ("Seven brides for seven brothers", protagonizada por Howard Keel y Jane Powell.  La película se centra en el mito de "el rapto de las sabinas" adaptado a un escenario de western americano.  Adam Pontabee vive en las montañas de Oregón junto con sus brutos y rudos hermanos, todos ellos leñadores.  Un día baja a la ciudad y regresa con una preciosa esposa llamada Millie.  Con una mujer en casa tienen que aprender a mejorar sus modales.    Pero los hermanos de Adam también quieren tener esposas, así que despues de oír el mito del rapto en Roma por los hombres de Rómulo de las hijas de los sabinos, el pueblo vecino, deciden emularlos, y bajan al pueblo a raptar a sus futuras esposas.


"Tu el primero instauraste, Rómulo, los afanosos juegos, cuando el rapto de las sabinas vino bien a varones sin esposa. Entonces ni se cernían toldos sobre el marmóreo teatro, ni la escena se ponía roja de luciente azafrán; allí las ramas que diera el bosque Palatino, sencillamente colocadas, hicieron de desmañando escenario; el pueblo se sentó en graderíos hechos de césped, en tanto que hojas cualesquiera cubrían desgreñadas melenas. 


Vuelven la cara y con los ojos señalan la muchacha que cada cual para sí quiere, y en el secreto de su corazón la zozobra es mucha; y mientras que acompañado por agreste tonada de flautista etrusco, el bailarín bate tres veces con su pie el suelo allanado, en medio de los aplausos (los aplausos entonces eran desmañados), el rey dio la señal del rapto al tiempo que el pueblo se la pedía. 


Al punto se levantan revelando en sus gritos de coraje y echan sus manos ansiosas sobre las doncellas. Como huyen las palomas, el tropel más temeroso, de las águilas, y como huye al verlos la cordillera de los lobos, así ellas se asustaron de hombres asaltándolas sin ley: a ninguna le quedó el color que antes tuviera. Y es que el temor era uno solo, la cara del temor no era una sola: parte se mesa los cabellos, arte se queda quieta sin sentido; la una calla pesarosa, en vano llama la otra a su madre; esta se lamenta, estupefacta se queda aquella, esta se para, la otra huye. 
  
Robadas se llevan a las muchachas, nupcial botín, y tal vez el pudor le sentó bien a muchas. Si alguna acaso se resistía demasiado y decían que no a su compañero, el hombre la tomaba en volandas sobre su pecho ansioso y así le decía: "¿Por qué echas a perder con lágrimas tus delicados ojos? Lo que tu padre es para tu madre, eso seré yo para ti". Rómulo, supiste como nadie dar a tus soldados ventajas: si a mí me das tales ventajas, pronto seré tu soldado."  Ovidio. El arte de amar.  Madrid, 1995.


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1 comentarios:

¡Me encanta esa peli! y no tenía ni idea de esto. Gracias por ilustrarnos :)

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